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Victor Jara, testimonio de su asesinato

Victor Jara
por Jacmel Cuevas P
tomado de Viejoblues, un espacio libre ∆

A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato.

Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara: un subteniente jugó a la ruleta rusa con él hasta que le descerrajó un tiro en su cabeza.

Después ordenaron acribillarlo en un camarín de un subterráneo del Estadio Chile. También revelamos la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de Ciper.

El caos, la incertidumbre y el miedo que reinaron en el país durante los primeros días tras el golpe militar de 1973 parecían, hasta ahora, haberse conjugado de manera perfecta para que el asesinato del destacado folclorista Víctor Jara siguiera siendo un enigma judicial, llevando incluso al juez que instruye el proceso, Juan Eduardo Fuentes, a cerrar el caso a mediados del año pasado, con un solo procesado como responsable del crimen: el comandante (r) César Manríquez Bravo, jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile a partir del 12 de septiembre de ese año.

La decisión del magistrado fue cuestionada por los querellantes del caso, quienes incluso obtuvieron el respaldo del entonces subsecretario del Interior Felipe Harboe, para pedir la reapertura de la investigación, llamado al que se sumaron varios parlamentarios de la Concertación.

La urgencia por revocar la decisión de Fuentes fue tal que incluso la autoridad gubernamental se sumó al emplazamiento público que hizo la viuda del artista, Joan Turner, para que cualquiera de las cerca de 6.000 personas que pasaron por el recinto deportivo en esa fecha (entre detenidos y uniformados), que pudiera tener antecedentes del asesinato se acercara a entregarlos, incluso, bajo la más estricta reserva.

Nelson Caucoto, abogado de la familia Jara Turner, relata que se recibieron muchas colaboraciones que podían aportar a esclarecer el homicidio, lo cual le permitió presentar un escrito solicitando más de 90 nuevas diligencias al juez. Y Juan Eduardo Fuentes reabrió el caso.

Sin embargo, ninguno de estos datos entregó pistas concretas para llegar a los responsables del crimen, cuyas identidades quedaron bajo el secreto de un grupo reducido de oficiales y conscriptos que estuvieron a cargo de interrogar a los detenidos en los camarines ubicados en los subterráneos del Estadio Chile. Fue la exhaustiva búsqueda de los conscriptos de distintos regimientos que estuvieron después del golpe en el Estadio Chile, la que terminó por dar las pistas de quienes fueron los uniformados que ultimaron con ráfagas de fusil a los cerca de 15 detenidos -entre ellos Víctor Jara- que fueron apartados de los restantes prisioneros al producirse su traslado al Estadio Nacional, entre el 16 y 17 de septiembre de 1973.

Las Primeras Horas del Final

En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, personal de varios Regimientos militares ubicados en regiones se trasladaron a Santiago, bajo la excusa de realizar los preparativos de la Parada Militar, para conmemorar el día de las Glorias del Ejército. Así arribaron a Santiago las unidades de La Serena y el Maipo, las que se constituyeron en el Regimiento Tacna. Otros efectivos provenientes de Calama y de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes – comandada por el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien a los pocos días iniciaría la organización de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)- lo hicieron en las dependencias de Arsenales de Guerra.

Cerca de las cinco de la mañana de ese día, las tropas apostadas en esta última repartición fueron informadas del golpe de Estado, bajo la arenga del teniente Pedro Barrientos, quien los emplazó a participar en la toma del territorio capitalino bajo la premisa que en esa misión no habían rangos, que todos eran importantes en ese crucial y patriótico acontecimiento. El episodio ha sido relatado en las declaraciones judiciales de varios conscriptos de los regimientos Maipo y Tejas Verdes que llegaron desde la Quinta Región.

Tras el bombardeo a La Moneda y la muerte de Salvador Allende, cerca de 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica del Estado (actual USACH) para resistir la ocupación militar. Sin llegar a producirse enfrentamientos, ya que casi no tenían armas, fue muy poco el tiempo durante el cual pudieron oponerse a la entrada de los uniformados.

Pasadas las dos de la tarde del 12 de septiembre comenzó el desalojo de los académicos y alumnos. Entre escenas de gran violencia y dramatismo fueron detenidos y trasladados al Estadio Chile. En ese grupo se encontraba Víctor Jara Martínez, profesor de esa casa de estudios. El procedimiento fue dirigido por el entonces capitán Marcelo Moren Brito, quien luego se transformaría en uno de los más temidos agentes operativos de la DINA. Al momento de ingresar al Estadio Chile, convertido en campo de prisioneros, a los detenidos se les quitaban sus especies de valor, se les anotaba su nombre y filiación política.

Antes de ello, durante la tarde del 11 de septiembre, después de encargarse del funeral de Salvador Allende, el comandante César Manríquez fue encomendado por el general Arturo Viveros (jefe del CAAE) para crear el primer recinto de detención que se debía instalar en el Estadio Chile. A la mañana siguiente, Manríquez se constituyó en el recinto. Poco después comenzaron a llegar los miles de detenidos que arribaban en buses de la locomoción colectiva y camiones del Ejército.

Según las propias declaraciones de Manríquez que, hasta ahora, era el único procesado en el caso, lo ocurrido al interior del recinto deportivo –construido sólo cuatro años antes de los hechos- era un escenario “dantesco” debido a la gran cantidad de prisioneros (5.600, según sus cálculos). El ex uniformado asegura que sólo contó con personal de apoyo del CAAE para custodiar el recinto, pero que en los subterráneos del edificio se constituyeron oficiales de Inteligencia de las distintas Fuerzas Armadas, cuyas identidades desconocía, ya que no habrían estado bajo su mando.

Esa es la razón con la que justificó haber montado una escena de terror para amedrentar a los detenidos. Colocó dos ametralladoras punto 50 –usadas en la Segunda Guerra Mundial- en los balcones del edificio, las que eran publicitadas por los parlantes como las “sierras de Hitler, capaz de partir a una persona en dos”. En el segundo piso también se instalaron potentes focos de luz, que permanecían encendidos día y noche, provocando que todos los que permanecieron al interior del Estadio perdieran la noción del tiempo.

Los primeros días de encierro fueron caóticos, ya que incluso se reventaron algunos alcantarillados, generando problemas de insalubridad. Tampoco tenían alimentos ni para los soldados ni menos para los prisioneros. La escasez de comida incluso provocó que los mismos militares saquearan negocios aledaños al recinto. Sólo al cuarto día, el 16 de septiembre, se recibieron algunas raciones para los soldados, según declaró el capitán David González Toro, encargado de abastecimiento del recinto.

Se desconoce la hora a la que ese miércoles 12 de septiembre arribaron los miembros de los servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Lo que sí se sabe es que, tras su llegada, comenzaron a interrogar a los detenidos. Todo se anotaba en una ficha previamente confeccionada, donde se consignaba el nombre, la cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones. En la parte inferior del documento, se añadía un pronunciamiento del interrogador en el que debía calificarlo como prisionero bajo las siguientes premisas: ley de control de armas, marxista o comunista y sobre la necesidad o no de someterlo a Consejo de Guerra.

Victor JaraSegún diversos testigos que han declarado en el caso, previo al traslado al Estadio Nacional hubo muchos hechos de violencia en contra de los prisioneros. Se ha determinado que al menos tres personas habrían perdido la vida en las graderías del recinto. Una persona de contextura pequeña y delgada que muchos confundieron con un niño y que en un acto de desesperación se abalanzó sobre un conscripto, quien reaccionó descargando una ráfaga en su abdomen. Según testimonios, el comandante Manríquez felicitó al soldado por su “heroica labor”. Otro prisionero se lanzó del segundo piso gritando ¡Viva Allende!, mientras que un hombre joven fue muerto a golpes de culata en su cabeza por haberse negado a cumplir órdenes de los militares.

A esta cifra se suman otras 15 personas que habrían sido acribilladas junto a Víctor Jara en los subterráneos del Estadio, según la confesión del primer hombre en ser individualizado por la justicia como uno de los autores del asesinato del destacado folclorista.

Los hombres de Tejas Verdes

En sus declaraciones, todos los conscriptos que viajaron desde la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes (dirigida entonces por el coronel Manuel Contreras) a Arsenales de Guerra, en Santiago, coinciden en que las tropas venían bajo el mando del capitán Germán Montero Valenzuela, sumando un contingente de aproximadamente un centenar de soldados y una veintena de oficiales.

El 12 de septiembre, al llegar al Estadio Chile, el contingente quedó a cargo del comandante Mario Manríquez. Entre los oficiales que participaron en esta misión, los conscriptos mencionan a los tenientes Nelson Haase y Rodrigo Rodríguez Fuschloger, y a un subteniente que tendrá un papel decisivo en el asesinato de Víctor Jara.

La primera confesión que obtuvo el juez Fuentes sobre el crimen fue la del ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez (55 años). El entonces joven de 18 años llegó a Santiago durante en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, proveniente de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde desde abril de ese año realizaba su servicio militar.

Durante el día en que la vida de los chilenos se partió en dos, su sección fue enviada, al mando del teniente Pedro Barrientos, a custodiar el camino Padre Hurtado. Paredes dice haber sido una suerte de guardaespaldas del teniente Barrientos.

Al mediodía del 12 de septiembre, el contingente se trasladó, primero a Arsenales de Guerra y luego a la Universidad Técnica (actual USACH). Allí, pasadas las dos de la tarde, procedieron a trasladar a los detenidos al Estadio Chile. El mencionado oficial, junto a Paredes, acompañaron a bordo de un jeep la caravana de buses de la locomoción colectiva que trasladaron a los prisioneros. Una vez la misión cumplida, regresaron a Arsenales de Guerra.

El 16 de septiembre, cerca de las 18.00 horas, el escuadrón de militares llegó hasta el Estadio Chile, donde se presentaron ante un oficial de rango superior cuya identidad desconoce, quien les ordenó vigilar las casetas de transmisión del recinto. Y en el interior del Estadio, los otros conscriptos comentaban que ahí estaban detenidos el Director de Prisiones, Litre Quiroga; el cantautor Víctor Jara y el Director de Investigaciones, Eduardo “Coco” Paredes.

Siempre según la confesión de Paredes, al día siguiente, fue enviado al sector del subterráneo. Y permaneció como centinela en la puerta de uno de los camarines destinados a los detenidos. En ese camarín había 5 ó 6 oficiales de otros regimientos, con tenida de combate, cuya identidad desconoce desconoce. Los vio escribir en unos papeles los datos que le respondía un detenido al que observó sentado frente a un escritorio. En otro ángulo del camarín, Paredes vio a otros prisioneros mirando hacia la pared.

Unas horas después, llegaron a la habitación el teniente Barrientos y el subteniente que bajo las órdenes de Haase y Rodríguez estaba a cargo de los conscriptos. Traían a un detenido. Fue entonces que dice haber sido llamado, junto al conscripto Francisco Quiroz Quiroz (55 años), y que se les comunicó que el detenido era Víctor Jara. El grupo lo comenzó a insultar por su condición de comunista. Paredes lo miró y lo reconoció. Víctor Jara quedó allí, en ese camarín, custodiado por Quiroz.

Más tarde, recordará el principal testigo, el teniente Barrientos lo mandó nuevamente al subterráneo, al mismo camarín. Pero esta vez Paredes no encontró a nadie: ni interrogadores ni detenidos y tampoco a Víctor Jara. Pasaron las horas hasta que Paredes vio nuevamente llegar a los oficiales interrogadores. La orden fue precisa: traer a los detenidos que figuraban en una lista que uno de los oficiales le entregó a un cabo. Y nuevamente el mismo procedimiento: interrogatorio y las anotaciones en cada una de las fichas.

Y llegó la noche. Paredes se encontraba de centinela en el mismo camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente que también estaba a cargo de los conscriptos. Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.

Victor JaraEl cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Hasse, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación. Según el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo.

Pocos minutos después, el mismo subteniente que le disparó en la cabeza solicitó el retiro del cuerpo. Llegaron unos enfermeros con camilla, lo levantaron y metieron al interior de una bolsa y luego lo cargaron hasta la parte trasera de una vehículo militar estacionado en el patio trasero del recinto, al costado nororiente.

No fue fácil para José Alfonso Paredes Márquez confesar ante el juez lo que vio y protagonizó. Primero fue renuente a reconocer su real participación en los hechos. Y finalmente se quebró, empezó su relato y ya no paró. Este obrero de la construcción que fabrica casas en la zona del litoral central, reveló haber guardado el secreto durante casi 36 años, sin siquiera habérselo contado a su mujer. También hizo una aclaración ante el juez: durante los días posteriores al golpe, y como trabajaban casi 24 horas al día, la oficialidad les entregaba estimulantes para evitar el sueño y el hambre, por lo cual su relato podía no ser exacto en las fechas.

Lo que sí Paredes y otros conscriptos recordaron es lo que pasó luego que el cuerpo de Víctor Jara desapareció del camarín. Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados con fusiles percutados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga. Sus cuerpos también fueron cargados en el mismo vehículo. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública.

El último vía crucis de Víctor Jara

Durante la reconstitución de los hechos, los testigos pudieron recrear el miedo y el caos reinante en el Estadio Chile, clima al que tampoco escapaban. Escenas que enlazadas permiten reconstruir en forma difusa las últimas horas de vida de Víctor Jara y en las que aparecen nuevamente personajes ya conocidos.

Durante sus cuatro días de cautiverio, Jara fue reconocido por un oficial de Ejército que se hacía llamar “El Principe”. Otros testigos señalan que ese reconocimiento lo hizo un militar que no coincide con las características del mítico personaje del Estado Chile (ver recuadro), quien fue descrito como de una estura superior a 1.80 centímetros, rubio, de tez blanca, cara redondeada y de contextura atlética.

En lo que sí coinciden los testimonios de los prisioneros es en que Víctor Jara fue interrogado al menos dos veces en los camarines del recinto, ubicados en la zona nororiente del subterráneo. Allí fue sometido a diversas torturas, entre ellas la fractura de sus manos a golpes de culata.

Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTE, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas. Muchos coinciden en que durante el traslado al Estadio Nacional, que duró muchas horas, su cuerpo sin vida fue visto en el hall del recinto, junto a otros cadáveres.

Se estima que el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado el 17 de septiembre en las afueras del Cementerio Metropolitano, por funcionarios de la Primera Comisaría de Carabineros de Renca, quienes lo trasladaron como N.N. al Instituto Médico Legal.

Un funeral sin flores y en silencio

En los últimos meses de la investigación se han rescatado reveladores testimonios inéditos que ayudan a entender por qué, a diferencia de los otros prisioneros asesinados en el Estadio Chile, el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado por su familia y pudo ser enterrado de manera clandestina en el Cementerio General.

Después de guardar silencio durante 35 años, Héctor Herrera Olguín, ex funcionario del Registro Civil y quien actualmente reside en Francia, relató ante el ministro Juan Eduardo Fuentes lo que vivió en esos días. Herrera explicó que el 15 de septiembre de 1973, el oficial designado como director interino del Registro Civil lo envió en comisión de servicio al Instituto Médico Legal (IML), lugar en donde se le ordenó medir, tomar las características físicas y las huellas de los cuerpos apostados en el estacionamiento del recinto.

Herrera calcula que había unos 300 muertos apostados en ese lugar, entre los cuales vio niños y mujeres. Unos veinticinco estaban rapados. Todos eran jóvenes. Le dijeron que correspondían a extranjeros. Durante todo el día Herrera vio llegar camiones del Ejército con más cuerpos. Y cada vez los mismos movimientos: los conscriptos los tiraban al suelo al interior del estacionamiento y luego, con algo más de delicadeza, funcionarios del IML los recogían y los apilaban en distintas partes de ese sector.

La investigación deberá determinar la fecha exacta en que fue asesinado Víctor Jara. Pero lo cierto es que el ex funcionario del Registro Civil recordó ante el juez que el 16 de septiembre, alrededor de las 9.00 horas, una persona a la que identifica como “Kiko”, oriundo de Chiloé, le señaló que entre los cuerpos apilados parecía estar el de Víctor Jara. Y con sigilo lo llevó frente al cuerpo. Al principio Héctor Herrera dudó que se tratara del mismo famoso cantautor. Estaba muy sucio, con tierra en las heridas, el cabello apelmazado entre tierra y sangre. A simple vista se le notaban heridas profundas en ambas manos y en la cara. Y tenía sus ojos abiertos, pero con una mirada tranquila. En una de sus muñecas vio un alambre con un pedazo de cartón donde estaba anotado “Octava Comisaría”.

Victor JaraPara salir de la duda, Héctor Herrera a escondidas anotó su número de ficha, sus características físicas y sus huellas dactilares. Para ello tuvo que abrir sus manos. No fue fácil: las tenía empuñadas, muy rígidas. Lo hizo con la ayuda de “Kiko”, comprometiéndose ambos a no decirle a nadie lo ocurrido. Terminada la misión, dejaron el cuerpo en el mismo lugar.

A primera hora del día siguiente, Herrera se fue directo a la sección dactiloscópica del Registro Civil, en calle General Mackenna. Allí y en la más completa reserva, le pidió a la funcionaria Gelda Leyton, que le buscase la ficha de Víctor Jara. A eso del mediodía, ambos comprobaron que efectivamente habían asesinado a Víctor Jara. Volvió a revisar los registros del cantautor. Y se percató que era casado. Anotó los datos de su esposa, Joan Turner Robert, y su dirección.

Ya había amanecido cuando el 18 de septiembre, en la casa de Víctor Jara, en calle Plazencia, en Las Condes, Joan Turner escuchó que alguien llamaba a su puerta. Salió a mirar desde una ventana del segundo piso. Un hombre al que no conocía le dijo que necesitaba hablar con Joan Turner. Ella bajó y se acercó a la reja de la casa. Herrera recuerda haberla visto muy nerviosa. Se identificó como funcionario del Registro Civil y le relató lo que había vivido.

Poco después ambos partieron de la casa en la renoleta de Joan Turner en dirección al IML. Entraron juntos. Pero no encontraron el cuerpo de Víctor Jara en el lugar donde Herrera recordaba muy bien haberlo dejado la tarde anterior. Se inició la búsqueda. Y llegaron al segundo piso del edificio, sitio a donde habían llevado los cadáveres que estaban para las llamadas “autopsias económicas”. En el lugar nº 20 estaba el folclorista. El cuerpo fue abrazado por su esposa, quien lloró en silencio tratando de no despertar sospechas. Estaba muy consciente de que no tenía autorización alguna para estar ahí.

El trámite del certificado de defunción lo realizaron en el primer piso. Para poder sacar el cuerpo en día feriado, Herrera invocó su calidad de funcionario del Registro Civil. Al ser consultado en la ventanilla por la causa de muerte y fecha de la misma, requisito indispensable para llenar el documento de defunción, Herrera sólo atino a decir que falleció por herida de bala el 14 de septiembre a las 5.00 horas. Fue el apresurado cálculo que logró hacer en esos pocos minutos al recordar que el cuerpo de Víctor Jara habría llegado al IML antes que él lo descubriera. La hora la sacó de un poema que le vino a la memoria sobre fusilados.

Como el cuerpo debía ser sacado en una urna y la esposa de Víctor no tenía dinero para comprarla, Héctor Herrera se contactó con su amigo Héctor Ibaceta Espinoza, a quien le pidió ayuda. Juntos fueron hasta calle Agustinas, en el centro de Santiago, a buscar el dinero. Pero Ibaceta decidió acompañarlos.

Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al IML. Sólo los dos hombres ingresaron a buscar el cuerpo de Víctor Jara. Su cadáver desnudo fue trasladado en una camilla metálica con su ropa doblada a los pies. Recogieron el cuerpo y lo pusieron dentro de la urna. La ropa fue depositada a sus pies. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja. Cerraron la urna. El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.

-Nos prendieron unas cuatro ampolletas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora –recordó el ex funcionario del Registro Civil.

Herrera agregó: “Posteriormente, concurrí al Cementerio General, ubicado al frente, para solicitar un carrito para trasladar el cuerpo, ya que era muy caro hacerlo en una carroza. Una señorita me indicó que no se podía hacer eso, pero al ver el nombre del occiso me dijo que para él si se podía. Volví al IML en compañía de un funcionario del Cementerio. Entre los cuatro colocamos el ataúd en el carro y lo trasladamos al campo santo, enterrando a Víctor Jara en un modesto nicho al final del recinto donde se encuentra hasta hoy. Fue enterrado sin flores y con la sola presencia de nosotros tres”.

Héctor Herrera siguió trabajando en el Registro Civil hasta 1975. Desde 1969 y hasta el día en que se fue se desempeñó en el departamento de Carné de Identidad. Debió abandonar al país como miles de otros chilenos llevando consigo un secreto que Joan Turner también guardó para protegerlo y que hoy le pertenece a todos los chilenos que podrán cantar con nuevas esperanzas “Levántate y mírate las manos. Para crecer, estréchala a tu hermano”.

El oficial al que llamaban “Príncipe”

Casi como mito urbano, la figura de un despiadado oficial de Ejército, de contextura atlética, estatura superior a 1.80 centímetros, ojos claros y pelo rubio, quien habría vociferado entre los detenidos que no necesitaba micrófono para hablar porque tenía “voz de príncipe”, ha sido adjudicada a por lo menos dos ex militares que habrían estado entre los uniformados que custodiaron el Estadio Chile.

Nelson Edgardo Haase Mazze
Nelson Edgardo Haase Mazze "El Principe"


Varios de los detenidos han declarado que este fue el uniformado que más se ensañó con Víctor Jara, siendo uno de los primeros que apartó desde el grupo de detenidos de la UTEM. Algunos de los testimonios apuntaron al ex agente de la DINA Miguel Krassnof Martchenko como el que actuó en contra del cantautor.

Sin embargo, otros lo niegan rotundamente, ya que señalan que es más bajo de estatura (1.70 centímetros aproximadamente) y que su color de pelo es más oscuro que el militar que se ha tratado de identificar.

Con el correr de los años, surgió otra identidad que podía corresponder a “El Principe”, la del ex teniente Edwin Dimter Bianchi, quien fue uno de los militares detenidos por la sublevación del Regimiento Tacna en junio de 1973, movimiento golpista que fue desarticulado, dando origen al llamado “Tanquetazo”. En ese episodio Dimter ingresó con un tanque hasta el Ministerio de Defensa.

Efectivamente, Dimter coincide con las características del Príncipe, pero varios de los testigos que estuvieron detenidos en el Estadio Chile también han descartado que se trate de la misma persona.

Lo importante es que fue el propio Dimter, con su primera declaración judicial de 2006, quien dio luces sobre otros oficiales que también podrían corresponder a la identidad de “El Príncipe”. El ex uniformado, quien fue expulsado del Ejército en 1976 por diversos actos de indisciplina, reconoce haber custodiado a los prisioneros de ese recinto, pero asegura no haber tenido relación con las golpizas y el asesinato de Víctor Jara.

Acto seguido, señala que él no era el único oficial con esas características, y que al menos habían otros dos que podían coincidir con las señas de “El Príncipe”: los entonces tenientes Rodrigo Rodríguez Fuschloger y Nelson Edgardo Haase Mazzei, ambos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Este último oficial (R) fue mencionado en la declaración del primer conscripto confeso de participar en el crimen.

Aunque Haase, al ser interrogado en el caso, negó rotundamente haber estado en el Estadio Chile, declaraciones de otros oficiales presentes en el recinto respaldan la versión de Dimter.

Haase fue uno de los hombres de confianza del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y fue jefe del recinto de detención clandestino ubicado en calle Bilbao, conocido como “Cuartel Bilbao”. Diversos testimonios y documentos, entre ellos el entregado por la agente de la DINA Luz Arce, indican que el inmueble –habilitado desde 1976- tenía como fachada un aviso luminoso que decía “Implacate”.

El historial del teniente también lo registra como miembro de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la DINA para encubrir actividades tanto en Chile como en el exterior del país. A lo largo de los años, quienes sobrevivieron lo han descrito como arrogante, prepotente y despiadado; de hecho se llegó a decir que se enorgullecía de llevar permanentemente en su automóvil una picota para usarla en los allanamientos.

Victor JaraLas pocas veces que Haase salió de su anonimato en los últimos años fue cuando –junto a otros ex uniformados- manifestó públicamente su total respaldo a la sublevación del general (R) Raúl Iturriaga Newman, quien intentó evadir la primera condena de cárcel efectiva en su contra, por el crimen del militante del MIR Dagoberto San Martín Vergara, según consta en la página del “Movimiento 10 de septiembre”.

Equipo “Envasas Exportables”: Guillermo Garin, Juan Lucar, Richard Quaas y Nelson Haase (Izquierda a derecha)Tras retirarse del Ejército, el ex uniformado formó en 1994 una empresa de cajas de madera para vinos de exportación, llamada Envases Haase o Envases Exportables.
Desde entonces es proveedor de varias de las empresas del rubro, lo que le ha permitido codearse con ese ambiente.

De hecho, el 2007 participó en el Quinto Campeonato de Golf “Copa Viñas de Chile”, en el Club de Golf Los Leones, a beneficio de la Fundación Escúchame. En el website de esta última aparece una foto del equipo de “Envases Exportables”, en la que Nelson Haase figura junto al ex vicecomandante en jefe del Ejército, general (r) Guillermo Garin, el brigadier general (r) Juan Lucar y el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general (r) Richard Quaas.

La esposa de Haase, María Isabel Blaña Lüttecke, recibió del Ministerio de Agricultura $ 5.595.466 en febrero y abril de este año, en virtud de un “Programa Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados”, según consta en la información de transparencia activa de esa cartera.

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19 mayo 1895, cae Martí en combate

José Martí
por Wilkie Delgado Correa
Viejoblues, un espacio libre ∆

En Dos Ríos, provincia de Oriente, Cuba, el 19 de mayo de 1895, cayó en combate, herido por tres disparos que pusieron fin a su vida, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, el Maestro, el Mayor General, el líder indiscutible de aquella “guerra necesaria” por la independencia de Cuba.


Desapareció físicamente de una forma heroica un hombre que tuvo una fecunda existencia. Y así se puso término, en lo personal, a su viaje humano. Tal vez el hecho ocurrió como lo había vaticinado:

“Yo moriré sin dolor: será un rompimiento interior, una caída suave, y una sonrisa”.

Y es que, fiel a la filosofía de su vida, el gran líder de la independencia de Cuba, consideraba que “se ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae, se cae en una hermosa compañía”.

En el mundo del presente y del futuro, cualesquiera que sean los ropajes y esencias que las épocas le impriman, corresponde acercarnos a Martí -28 de enero de 1953 a 19 de mayo de 1895-, como a cualquier otro grande hombre, con el propósito de encontrarle su alma verdadera y lograr incorporarla de alguna manera a nuestro ser íntimo.

No debe importarnos, como él expresara, “las estaciones del camino humano, que se levantan y destruyen con arreglo a las conveniencias”, sino su esencia permanente.

Después de su caída comenzó una nueva etapa del viaje humano de Martí, que ha consistido en mantenerse vivo, espiritualmente, en la conciencia y en la acción de los hombres mejores de su pueblo, que es decir, todo el pueblo. Se ha cumplido con ello sus ideas visionarias sobre el destino de los hombres consagrados al bien de su patria.

“No hay más que un modo de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos – o un hombre de su tiempo”.

Eso es José Martí: un hombre de todos los tiempos, y un hombre así, vence a la muerte, según su decir:

“Morir no es nada, morir en vivir, morir es sembrar. El que muere, si muere donde debe, sirve. Vale y vivirás. Sirve y vivirás. Ama y vivirás. Despídete de ti mismo y vivirás. Caes bien, y te levantarás.”

Para entender a este gran revolucionario cubano, quizás baste conocer sus confesiones en una carta a su amigo Manuel Mercado el día antes de su muerte.

“Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa, bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas ( Martí se refiere a la Playitas de Cajobabo, por donde desembarcara), cargué catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle,- alzamos a gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarlos; (…) seguimos al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en arma (…) Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga por garantía o servicio a la revolución. Sé desaparecer, pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad.- Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplase esto a mí, o a otros (..)”

Martí continúa su curso como la marcha indetenible de las generaciones nuevas y de los pueblos hacia el porvenir. Porque no en vano y con razón profética afirmó que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

“Yo no necesito ganar una batalla para hoy; sino que, al ganarla, desplegar por el aire el estandarte de la victoria del mañana, una victoria sesuda y permanente, que nos haga libres de un tirano, ahora y después. ¿Qué dónde estoy? En la revolución; con la revolución.”

En este mundo actual que vemos desfilar ante nuestros ojos, hay razones más que sobradas para las visiones apocalípticas. Hoy, como ayer, al decir de Martí, “el mundo entero es una inmensa pregunta”.

La humanidad toda debe darse a sí misma una respuesta definitiva y verdadera que satisfaga sus necesidades y aspiraciones legítimas. Y habrá de armarse con tesón y optimismo suficientes para recorrer el camino que la conduzca a la victoria, a pesar de los escollos y los cataclismos.

Es fundado y es cierto, como sentenciara nuestro Héroe Nacional, que “el sol sigue alumbrando los ámbitos del mundo, y la verdad continúa incólume su marcha por la tierra”.

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Fallece Mario Benedetti

Lamentamos profundamente la pérdida del grande Mario nuestro Benedetti. Un hermano más allá de las letras. Un poeta de lucha y de humanidad. Coloquial y sensible, audaz.

Recordamos sus ensayos, por ejemplo "cuatro formas subsidiarias de penetración cultural", el cual recomiendo ampliamente. Recuerdo su libro (uno de mis favoritos) "El escritor latinoamericano y la Revolución Posible".



Reuters y La Jornada On Line / Publicado: 17/05/2009


Mario BenedettiMontevideo. Gracias por el fuego podrían ser las palabras para despedir al escritor uruguayo Mario Benedetti, quien falleció este domingo en la capital de su país a los 88 años, informaron medios locales.

El autor de La Tregua (1960), que fue traducida a 13 idiomas y adaptada para el teatro y el cine, era uno de los escritores más apreciados por el público local y había sido dado de alta a principios de mes de un hospital privado por una enfermedad intestinal.

El poeta y novelista nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de Los Toros, aunque creció en Montevideo donde realizó sus estudios primarios.
En 1949 publica su primer libro de cuentos Esta mañana, y dos años más tarde su primer novela Quien de nosotros.

Debido a la situación política de su país, se exilió primero en Argetina y años más tarde en Cuba y España.

En la docencia, se desempeñó como director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo.

Entre los galardones que recibió destacan el Reina Sofía de Poesía, Premio Jristo Botev de Bulgaria, por obra poética y ensayística. También en 1987, Amnistía Internacional lo reconoció con la Llama de Oro por Primavera con esquina rota.

Tuvo una breve aparición en la película El lado obscuro del corazón en donde personificó a un marinero quien en alemán recita sus propios poemas.

Los títulos más destacados de su obra son Gracias por el fuego (1965), Inventario I y II, Poemas de la oficina, Poesía de hoy por hoy, El cumpleaños de Juan Angel (1971), Pedro y el Capitán (1979) así como De insomnios y duermevelas.


La Jornada On Line y Dpa / Publicado: 17/05/2009


México, DF. Tal y como él escribió: El olvido está lleno de memoria, así quedará, en el recuerdo vivo, la obra y palabra de Mario Benedetti, autor de más de 40 libros y traducido a más de 15 idiomas.

Antes de despuntar como escritor, formó parte del semanario Marcha desde 1945 -año en el que publicó su primer poemario La víspera indeleble- y hasta 1974, año en que dejó de editarse. También dirigió la revista literaria Marginalia.

En 1949, siendo miembro del consejo de redacción de Número, publica su primer libro de cuentos Esta mañana, y dos años más tarde su primer novela Quien de nosotros.

Para ese entonces, Benedetti ya se había manifestado públicamente contra el Tratado Militar con Estados Unidos. Esta misma convicción lo llevó años más tarde a exiliarse debido a la dictadura en su país, primero en Argentina, así como en diferentes momentos de su vida en Cuba y España.

A lo largo de su vida dejó en claro su postura crítica frente a "la hegemonía de unos pocos en contra de otros más débiles. En este juego de poderes ya se sabe quién gana la partida, el cowboy del norte (Estados Unidos)", declaró en una entrevista de 2001.

"No es que tenga demasiada esperanza en que este mundo (sin embargo...) no me parece que sea bueno desistir, hay que seguir creyendo en la 'revolución posible' e intentar poner los medios para llevarla a cabo. Yo lo hago a mi modesta manera, con la escritura".

Según sus biógrafos, fue en 1959 cuando viajó por vez primera a Estados Unidos y fue ahí cuando percibió "el verdadero rostro del imperialismo", toda vez que en ese mismo año acontece la Revolución Cubana. Este hecho, declaró en su momento el escritor, le hizo mirar a América Latina cuando muchos intelectuales aún vivían bajo el encanto de lo europeo.

En 1966 visitó por primera vez Cuba y, entre 1968 y 1971, trabajó en la Casa de las Américas, institución cultural cubana. En ese último año fundó el Movimiento de Independientes “26 de marzo” que integrará, poco más tarde, la coalición de izquierdas Frente Amplio.

A inicios de la década de 1980 cambia su residencia a Madrid. Desde ahí publica Primavera con una esquina rota y colabora semanalmente en la sección de Opinión de El País.

Una vez restablecido el régimen democrático en Uruguay en 1985, el intelectual regresa a su país y desde ese momento decide permanecer temporadas ahí y otras en España.

A inicios del siglo XXI, el montevideano más universal reivindicó, en una entrevista con Dpa, el papel fundamental de la poesía y el arte "en un mundo donde todo se ha globalizado tanto, empezando por una hipocresía generalizada. Vivimos en un universo virtual en el que la gente no se habla frente a frente y recurre al teléfono móvil o a Internet".

Esa misma ocasión, Benedetti aseguró que "es muy difícil quitarle a las personas su amor por la poesía, por la lectura, por el arte en general, porque son como una especie de bálsamo. Contra ciertos insomnios, por ejemplo, vendría bien más poesía, más lectura".

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Entrevista a productora de ViVe-Televisión

Entrevista a Veruscka Cavallaro, periodista venezolana y productora de ViVe-Televisión
“No me interesa entretener ni que me entretengan, yo quiero comprometer y que me comprometan. Para eso estamos haciendo esta revolución”

Santiago Alba Rico
tomado de Rebelión
02-05-2009

Periodista comprometida, la venezolana Veruscka Cavallaro empezó a trabajar en ViVe Televisión en agosto de 2004 como analista de contenidos e información y desde hace dos años, en ese mismo medio, comparte tareas de producción en la elaboración de tres programas: “Real y Medio”, “Desde la base” y “La hora de los mangos”. Ha trabajado también en Venezolana de Televisión y en TeleSur y colabora en el programa de Radio Nacional de Venezuela “Pasión por el discurso”. Actualmente está elaborando un estudio sobre la televisión, cuyas potencialidades revolucionarias defiende en esta entrevista con una convincente combinación de pasión y buenos argumentos.



1. ¿Cuándo nace Vive-TV?

Formalmente ViVe nace el 11 de noviembre de 2003. Ese es el día que celebramos cada cumpleaños del canal pero el embrión de ViVe se gesta, a mi parecer, en el Golpe de Estado de 2002. Recuerda que la noche del 11 de abril de 2002 las fuerzas fascistas cerraron a Venezolana de Televisión -televisora estatal, nuestra hermana mayor, por decirlo de alguna manera. En ese instante miles de venezolanos quedamos expuestos a la manipulación, tergiversación y mentiras de los medios de difusión golpistas. Como si se tratara de una misma estación los canales bloquearon la información de lo que sucedía en las calles de Venezuela y cada uno, en un evidente acuerdo, transmitieron horas de dibujos animados y, como si se tratara del mismo programa repetido en cada una de esas pantallas -acá lo llamamos cadenas-, todas dieron vivas y salves al dictador designado: Pedro Carmona Estanga (para entonces el presidente de FEDECAMARAS).

Fue una crisis de apenas horas, quizás 48, pero fue suficiente para que todos entendiésemos -funcionarios de gobiernos, militares patriotas, estudiantes, chofer de tránsito, curas comprometidos, madres, hermanos, hijos- la importancia de tener un medio de información de cobertura nacional al servicio de la causa revolucionaria; y también entendimos, ese 11 de abril, lo vulnerables que nos volvía, mediáticamente, que fuese uno solo el canal del Estado. La Revolución Bolivariana nunca contó, ni contaremos, con las empresas privadas de difusión masiva, somos contrarios a los intereses de clase de los dueños de los medios comerciales.


2. ¿Con qué objetivos nace?

El nombre de ViVe es la contracción de una frase: Visión Venezuela (por eso sus dos “v” son mayúsculas). Teníamos que contarnos a nosotros mismos quiénes éramos (porque se nos estaba olvidando), qué estábamos haciendo (para sorprendernos y darnos fuerza) y qué queríamos hacer (para soñar juntos). Y todo eso -para que tenga sentido, para que sea real- no se puede decir desde un estudio de televisión. La pantalla de ViVe es para que nos regalemos nuestras historias de vida y lucha desde nuestros espacios. Desde la parroquia, el barrio, la calle, el patio, la enramada, la cocina hacemos nuestros programas.

Y además nace para desmontar a los medios de difusión, la maquinaria de entretenimiento; en ViVe se develan los valores, los atropellos, las injusticias y las políticas del sistema capitalista. Sí, hablamos mucho del capitalismo y, también, del socialismo, de la integración Latinoamericana, de los movimientos sociales, de la tenencia de la tierra, de nuestras culturas ancestrales, de nuestro patrimonio histórico, artístico, natural; de biodiversidad y de ecología. ViVe nació para los temas y para las personas que estábamos vedados en la televisión.

Fíjate, en ViVe no vas a encontrar anoréxicos modelos de publicidad vendiendo la muerte en un hermoso empaque; tampoco reinas de belleza que nos aseguren que la meta de una mujer es ser quirúrgicamente otra; ni periodistas y presentadores estrellas que re-elaboran el mundo según las necesidades del mercado. Pero sí disfrutarás, durante toda su programación, de las historias y saberes de campesinos, trabajadoras, indígenas, afrodescendientes, militantes, pescadores, albañiles.

ViVe es una televisora esencialmente educativa. Y educa para la liberación.


3. Pensamos en la televisión como en una cosa que se ve y no como en una cosa que se hace. ¿Quién debe hacer la televisión?

Sí, es muy común que la gente no piense que detrás de una imagen de TV hay camarógrafos, directoras, sonidistas, productoras, editores, electricistas, choferes y muchos otros y otras que hacen posible, con su trabajo, que esa imagen exista y que esa imagen se vea. La tele siempre se piensa como una cadena de imágenes que parecen brotar de la nada.

Es gracioso cómo me haces la pregunta. Hace unos días conversé con una amiga -ella es realizadora- sobre ese tema, así como lo planteas. Discrepamos en nuestros puntos de vistas y las diferencias se centraron en la estética del producto final -cosa que le preocupa mucho a los realizadores- más que el objetivo del programa.

Si la televisión es para todos, entonces la deberían poder hacer todos los quisieran hacer televisión. A mi me gusta mucho el lema de Catia TV -una TV comunitaria de Caracas- “no vea televisión, hágala”. Es mucho más fácil que en una TV comunitaria la gente tenga las puertas abiertas para que “haga” televisión; la televisión es un pretexto para la organización de la comunidad. Hay como resultado un programa en la parrilla pero lo que más importa es que ese espacio físico se convierte en un lugar de debate y de encuentro para los vecinos.

En ViVe comenzamos un proyecto que busca que las comunidades intervengan más activamente en la producción de los programas: Los Consejo Populares de Comunicación (CPC). Y cuando digo más activamente hablo del manejo del equipo técnico por que, por ejemplo, en los programas en donde trabajo como productora son las comunidades quienes generalmente proponen los temas.


4. ¿Cómo debe hacerse?

Mira, Santiago, yo creo que la televisión sólo debe existir con los fines que persigue ViVe. Los Estados responsables deben preocuparse por la educación ciudadana y de sus ciudadanos. Creo que la televisión no debe estar en manos privadas pero, además, debe ser verdaderamente pública.

Te puedo decir cómo hacemos los programas donde yo participo: conversando. Se conversa muchísimo tras de cámaras y, luego, se sigue conversando frente a ellas. Si un Consejo Comunal quiere mostrar los logros de estar organizados conversamos con la Ley de Consejos Comunales en la mano; leemos los artículos que se están cumpliendo con sus acciones, visitamos la cancha deportiva que se recuperó con el crédito otorgado al Consejo Comunal -aprovechamos y hacemos tomas del espacio y de las personas que estén disfrutando de él-. Si el Consejo Comunal nos llama porque está molesta con una institución del Estado que no ha cumplido con sus obligaciones, nos sentamos a conversar del problema, de cuáles han sido las acciones que ha emprendido la comunidad para resolverlo, nos aseguramos -correspondencias en mano- que hayan agotado las instancia y, allí, decididos, el canal y la comunidad solicita a la Institución que asista al programa para tratar conjuntamente, en una mesa de discusión, el conflicto. A veces se llega a acuerdos, a veces no.

¿Cómo se debe hacer televisión? Asumiendo que cada programa es una responsabilidad con los otros y con la expectativa de aprender algo nuevo. Se necesita tiempo para la producción de programas así, la relación es de compañeros, no puede ser invasiva; se debe escuchar los planteamientos de quienes nos invitan y se debe tener tiempo para llegar a acuerdos de cómo vamos a abordar la temática en tan sólo 45 minutos.

¿Cómo se debe hacer televisión? Pensando en el mejor provecho para el que hace el programa -la comunidad que nos llama- y para los que luego lo verán. Siempre digo en esas reuniones -que son varias antes de grabar- que recuerden que tenemos la oportunidad de contarle a otras comunidades, del resto del país, cómo han alcanzado la realización de sus proyectos o cómo han resuelto ellos ante un conflicto determinado; que lo que decimos en las pantallas les servirá a los otros para animarse o para entender la lógica de los procedimientos cuando se enfrenten a una institución. Es importante que la gente se sepa modelo para los otros, se llenan de orgullo.


5. Algunas personas con las que he hablado coinciden en que Vive es una buena televisión pero que es "aburrida". ¿Puedes defender el aburrimiento? ¿Crees que hay que hacer concesiones a formatos más "divertidos", pero potencialmente peligrosos, o tratar más bien de reivindicar las largas duraciones -las del análisis y la narración? ¿Se puede hacer eso desde la televisión?

Tendría que pedir, en primer lugar, que me definan “aburrido” y que me definan “divertido”. Hace unas horas mantuve una conversación telefónica con una persona que estimo mucho. Me decía que ViVe era demasiado “aburrido” y que, por ejemplo, si había dos programa, uno de ViVe y otro de la BBC, con una comunidad a las márgenes del río Arauca él prefería ver el de la BBC. Yo no desestimo la labor de los documentalistas pero, justo en este momento, estoy presentando un trabajo que tiene que ver con la construcción del mensaje; allí está la diferencia. Los documentales tienen una estructura que se hila -de situación a situación- mediante la voz en off del realizador o carteles escritos. El realizador ha reflexionado la realidad que presenta, él plantea la problemática a través de los protagonistas y edita las acciones para facilitar la comprensión del gran público. Un documental, generalmente, es un producto predigerido por el realizador y el editor. El conflicto lo debe presentar el drama mostrado, no se lo debemos acusar a los otros obligándoles a un proceso reflexivo innecesario.

Pensar implica un esfuerzo que, en algunos casos, puede “aburrirnos” -sobre todo si estamos cansados-. En la realización de nuestros programas jamás he tenido que actuar como mediadora que predigiere la realidad para contarla. Mi trabajo consiste en ayudar a la comunidad a priorizar: que eso que quieren decir lo puedan decir en 45 minutos. Nada de lo que tiene que hablar la comunidad es innecesario pero a veces hay muchas cosas y, por razones de tiempo, no caben todas. Si ese es el caso, en consenso, acordamos que lo que se sale del tema central sólo se nombre (sin tratarlo a fondo) o lo dejemos para otro programa (que acordamos allí mismo). Exponer toda la problemática hace denso un programa, es verdad, pero la razón de ser de ViVe es mostrarnos tal cual somos y eso implica la totalidad de nuestras realidades. Y eso sucede en nuestros conversatorios -que son el género de programas que produzco- o nuestros documentales.

La otra cosa que vuelve “aburrido” a ViVe es la estructura narrativa, que casi siempre es lineal. En ViVe hay pocos “saltos” narrativos y el tiempo es bastante “real”. Los programas de cocina en ViVe son muy bonitos y mientras se hace un sabroso “chivo en coco” se conversa de política, de la situación de la comunidad, de cómo le quedaba de bueno a la abuelita el chivo y de los médicos de “Barrio Adentro”. Y entre el aderezo y las políticas del ALBA hicimos un chivo en coco que está para chuparse los dedos.

Después de los talleres que hicimos con los cubanos en el marco del convenio ALBA, en La Hora de los Mangos -uno de los programas donde produzco- entendimos que podíamos incluir pequeñas entrevistas de calle para reforzar la discusión y que si hacíamos tomas de los alrededores (que previamente se editan y se musicalizan según el tema del programa) el programa ganaba más realidad.

Y los cubanos -Salvador, Roger y Rita, que son hermosísimas personas con las que nos escribimos cada vez que podemos- entendieron la razón por la que no llevamos guiones -sugirieron hacer, entonces, escaletas para agilizar el trabajo-; y porqué no descartamos y, por el contrario, defendemos fieramente la presencia de desdentados, de manos sucias de grasa o tierra. Estos, los pobres, los feos, los sucios, los mal hablados siempre fuimos omitidos por no ser telegénicos, sin importar si teníamos algo que decir.

Convengo en que los “saltos” son un buen recurso narrativo siempre y cuando no implique sacrificar el ritmo necesario para la reflexión, y también creo que podemos usar más imágenes que refuercen el tema; como nos dijo Salvador: somos muy “argumentativos”. Si habla un grupo de costureras es bueno mostrar acciones dentro de su trabajo. Hace poco hicimos un programa en donde conversábamos del Banco de la Mujer -que es un gran proyecto del proceso revolucionario: préstamos de bajo interés para los más pobres-, pues conversamos haciendo pan, ellas eran beneficiarias de los créditos del Banco.

Y debo insistir: qué se entiende por “divertido” y cuál es el objetivo de “entretener” a las personas. La verdad es que no me interesa entretener ni que me entretengan, yo quiero comprometer y que me comprometan. Para eso estamos haciendo esta revolución.


6. Hablemos no de la televisión sino del espectador. ¿Cómo imaginas tú al espectador del socialismo? Has explicado cómo se hace la televisión. ¿Cómo crees que se hacen los espectadores?

En el socialismo no puede haber espectadores. En el socialismo no podemos conformarnos con mirar lo que los otros hicieron. La pasividad de los televidentes, los espectadores, la audiencia y los consumidores -todos sinónimos- son muy apropiados para el sistema capitalista y sus políticas de mercado. El socialismo precisa ciudadanos. La televisión se debe entender como un servicio público y en la Red de Medios Públicos -radios y televisoras estatales- hablamos de usuarios, les hablamos a los usuarios de nuestros medios. En el socialismo debemos participar de todo y, en materia de medios de difusión masiva, tendríamos que estar presentes en todos los procesos: desde la realización de programas hasta la supervisión crítica de lo que se difunde.

En la Ley de Responsabilidad Social para Radio y Televisión, acá en Venezuela, se prevé la conformación de comités de usuarios, aún no hay un movimiento de usuarios que hagan supervisión a la programación pero creo que al final se desarrollará. El debate sobre la importancia de los medios de difusión está abierto y es continuo; además que no está restringido a académicos y especialistas… es para todos y se hace en los cafés, las paradas de autobuses, los mercados, en fin, se desacralizó la suprema sapiencia de los medios omnipotentes. Yo espero que un día muy próximo los usuarios restrinjan las funciones de los medios -de manera conciente- a las educativas; porque, y lo he dicho en otros lugares, mientras informa y recrean, educan. Hay que dejar de pensar en ellos como “recreativos” o “informativos”; los medios nos forman en una manera de entender el mundo y debemos aspirar a que sea en la construcción de ciudadanía no podemos seguir permitiendo que lo hagan en función de las necesidades de mercado.

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